Durante años, la ciencia ha buscado explicar por qué algunas células cancerosas logran pasar completamente desapercibidas para el sistema inmunitario, mientras que otras son detectadas y eliminadas a tiempo. Una nueva investigación de la Universidad Rockefeller, publicada en la revista Cell, apunta a un sospechoso inesperado: la falta de arginina, un aminoácido común que el cuerpo produce y que también se obtiene de alimentos ricos en proteína.
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| Representación científica de un aminoácido común con potencial para combatir el cáncer y los virus mediante la respuesta del sistema inmunitario. |
El hallazgo no solo abre una puerta para entender mejor cómo avanza el cáncer de colon, sino que también sugiere algo mucho más práctico: que un suplemento económico y de fácil acceso podría, algún día, formar parte del tratamiento contra el cáncer y ciertas infecciones virales.
El aminoácido que "apaga" la alarma del sistema inmunitario
El equipo liderado por Sohail Tavazoie, director del Laboratorio de Biología del Cáncer de Sistemas de la Universidad Rockefeller, ya había documentado en 2023 que las células de cáncer de colon privadas de arginina acumulaban más mutaciones. La nueva investigación, encabezada por la investigadora postdoctoral Qiushuang Wu, fue un paso más allá y encontró que esa misma escasez también deja al sistema inmunitario prácticamente ciego ante el peligro.
La explicación está en una proteína llamada MHC-I, presente en la superficie de las células de todo el cuerpo. Su función es actuar como una especie de cartel de alerta: cuando una célula está infectada por un virus o ha mutado hacia un estado canceroso, el MHC-I exhibe esa anomalía para que las células T, encargadas de coordinar la defensa inmunitaria, puedan identificarla y actuar.
El problema es que producir MHC-I requiere, precisamente, arginina. Cuando este aminoácido escasea, los ribosomas —la maquinaria celular encargada de fabricar proteínas— se detienen a mitad de camino y no logran terminar de construir la señal de alerta. El resultado es que las células peligrosas pueden circular sin ser detectadas.
Cómo llegaron a esta conclusión
Para identificar el mecanismo, Wu analizó cultivos celulares y encontró 414 proteínas que disminuían de forma notable cuando bajaban los niveles de arginina. La mayoría respondía a funciones ya conocidas de este aminoácido, pero tres genes relacionados con la producción de MHC-I llamaron especialmente la atención del equipo, ya que no se esperaba un vínculo tan directo entre la alimentación y la capacidad del sistema inmunitario para reconocer amenazas.
El siguiente paso fue comprobarlo fuera del laboratorio, en modelos animales. Los ratones alimentados con una dieta baja en arginina desarrollaron más tumores de colon, mientras que aquellos con mayor ingesta del aminoácido presentaron menos tumores. El patrón se repitió al probar infecciones por influenza y por SARS-CoV-2: los animales con más arginina en su dieta tuvieron síntomas más leves, y administrar el aminoácido incluso después del contagio de gripe mejoró su evolución.
Una posible pista sobre por qué el cáncer y las infecciones golpean más fuerte con la edad
Uno de los aspectos más llamativos del estudio es su posible relación con el envejecimiento. Los niveles de arginina tienden a disminuir de forma natural con la edad, lo que —según sugieren los investigadores— podría ser una de las razones por las que las personas mayores son más vulnerables tanto al cáncer como a infecciones respiratorias graves. La mala nutrición, que también reduce la disponibilidad de este aminoácido, podría jugar un papel similar.
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| Representación científica del papel de la arginina en el envejecimiento, el cáncer, las infecciones y el sistema inmunitario. |
Para Tavazoie, este hallazgo demuestra algo que va más allá del caso puntual de la arginina: que el consumo de un aminoácido específico puede influir directamente en qué genes se activan dentro del cuerpo, un mecanismo que su equipo sospecha podría repetirse con otros aminoácidos y otras proteínas.
¿Se podría convertir en un tratamiento real?
La cantidad de arginina que restauró la producción de MHC-I en los experimentos fue relativamente moderada, similar a la que contienen un par de comprimidos de venta libre del suplemento. Ese detalle es justamente lo que entusiasma a los investigadores: a diferencia de un fármaco nuevo, que puede tardar años y costar millones de dólares en llegar a los pacientes, la arginina ya está disponible, es económica y su perfil de seguridad es bien conocido.
Los propios autores plantean que podría evaluarse como complemento en pacientes que reciben inmunoterapia contra el cáncer, o en personas con alto riesgo de exposición a infecciones virales. Aun así, se trata de resultados obtenidos en cultivos celulares y en ratones, por lo que todavía falta el paso más importante: confirmar estos efectos en ensayos clínicos con personas.
Lo que viene después
El equipo de Rockefeller ya está explorando si otros aminoácidos, además de la arginina, podrían tener un efecto similar sobre distintas enfermedades. Si la hipótesis se confirma, la nutrición podría convertirse en una herramienta más concreta dentro del arsenal contra el cáncer y las infecciones virales, no como reemplazo de los tratamientos actuales, sino como un aliado adicional, accesible y de bajo costo.
Por ahora, el mensaje de los investigadores es de cautela optimista: la ciencia detrás de la arginina es sólida, pero se necesita evidencia en humanos antes de que alguien pueda recomendar suplementarse pensando en prevenir el cáncer o las infecciones. Ese es, precisamente, el siguiente objetivo del equipo.

