¿Puede una transfusión transmitir el Alzheimer? Esto es lo que realmente dice la ciencia

¿Puede una transfusión de sangre transmitir el Alzheimer? La pregunta puede sonar inquietante, especialmente después de que varios estudios hayan planteado que determinadas proteínas relacionadas con la enfermedad podrían comportarse como “semillas” capaces de favorecer depósitos anormales en el cerebro.

Pero hay una diferencia fundamental que suele perderse en los titulares: encontrar una proteína asociada al Alzheimer no significa demostrar que la enfermedad pueda transmitirse de una persona a otra.

Transfusión de sangre y posible relación con el riesgo de Alzheimer

Hasta ahora, la evidencia disponible no demuestra que las transfusiones de sangre transmitan la enfermedad de Alzheimer. El estudio poblacional más importante realizado sobre esta cuestión no encontró un aumento del riesgo de Alzheimer en personas que recibieron sangre de donantes que posteriormente fueron diagnosticados con enfermedades neurodegenerativas.

En pocas palabras: no existe evidencia sólida de que una transfusión de sangre transmita el Alzheimer. La investigación que ha generado preocupación se refiere principalmente a mecanismos biológicos muy específicos y excepcionales, distintos de una transfusión convencional.

¿De dónde surge entonces la preocupación?

La controversia comenzó cuando investigadores observaron que algunas personas que habían recibido, décadas atrás, hormona de crecimiento humana obtenida de cadáveres desarrollaron posteriormente una acumulación anormal de beta-amiloide en el cerebro.

La beta-amiloide es una proteína estrechamente relacionada con la enfermedad de Alzheimer. En determinadas circunstancias puede formar agregados y depósitos en el tejido cerebral.

Un trabajo publicado en Nature en 2015 encontró depósitos de beta-amiloide en personas que habían desarrollado enfermedad de Creutzfeldt-Jakob tras recibir hormona de crecimiento derivada de tejido humano cadavérico.

Posteriormente, otro estudio publicado en 2018 encontró que algunos lotes históricos de esa hormona contenían proteínas beta-amiloide y tau, y que ese material podía inducir depósitos de beta-amiloide en modelos animales.

El hallazgo fue importante, pero también muy específico. No se trataba de transfusiones de sangre habituales, sino de un tratamiento médico que utilizaba material biológico procedente de cadáveres y que además estaba relacionado con la transmisión de priones responsables de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob.

El gran estudio que buscó una señal en las transfusiones

Para responder directamente a la posibilidad de transmisión mediante sangre, investigadores de Suecia y Dinamarca analizaron una de las bases de datos transfusionales más grandes estudiadas hasta entonces.

El trabajo, publicado en Annals of Internal Medicine en 2016, incluyó aproximadamente 1,46 millones de personas que habían recibido transfusiones entre 1968 y 2012. Los investigadores compararon a quienes habían recibido sangre de donantes que posteriormente desarrollaron enfermedades neurodegenerativas con quienes recibieron sangre de donantes sin ese diagnóstico.

El resultado fue tranquilizador.

En el caso del Alzheimer, el riesgo relativo no mostró una diferencia estadísticamente significativa. El hazard ratio fue de 0,99, con un intervalo de confianza del 95 % entre 0,85 y 1,15. Para cualquier tipo de demencia, el valor fue de 1,04. Los autores concluyeron que no encontraron evidencia de transmisión de enfermedades neurodegenerativas mediante transfusiones y señalaron que, si existiera algún riesgo, probablemente sería muy poco frecuente.

Es importante, no obstante, entender una limitación: se trató de un estudio observacional basado en registros sanitarios. Por lo tanto, no puede demostrar que un riesgo sea absolutamente imposible. Lo que sí puede hacer es buscar una señal epidemiológica importante, y esa señal no apareció.

Una proteína no es lo mismo que una enfermedad

Esta es probablemente la parte más importante para entender el debate.

El Alzheimer no es simplemente “tener beta-amiloide”. La enfermedad implica una alteración compleja del cerebro en la que intervienen diferentes procesos biológicos, entre ellos acumulación de beta-amiloide, alteraciones de la proteína tau, cambios neuronales, inflamación y otros factores genéticos y ambientales.

Por eso, transferir una molécula, una proteína o incluso una estructura capaz de favorecer un proceso biológico no equivale automáticamente a transmitir una enfermedad completa.

Investigación de beta-amiloide relacionada con la enfermedad de Alzheimer

La investigación actual sobre las llamadas semillas de beta-amiloide estudia precisamente esta capacidad de determinadas estructuras proteicas para favorecer la formación de depósitos. Pero eso no significa que esas proteínas se comporten en el organismo humano como lo hace un agente infeccioso clásico.

¿Entonces puede existir una “forma transmisible” de Alzheimer?

La respuesta requiere bastante cuidado.

En 2024, un estudio publicado en Nature Medicine informó de nuevos casos compatibles con una forma iatrogénica de patología relacionada con el Alzheimer en personas que habían recibido hormona de crecimiento humana procedente de cadáveres décadas atrás. Los investigadores plantearon que algunos de esos pacientes habían estado expuestos a semillas de beta-amiloide contaminantes presentes en determinados preparados históricos.

Sin embargo, los propios investigadores subrayan una diferencia fundamental: no existe evidencia de que la beta-amiloide se transmita entre personas durante la vida cotidiana ni mediante las actividades habituales de cuidado. Tampoco existe evidencia de que las transfusiones rutinarias sean una vía de transmisión del Alzheimer.

Por eso, hablar simplemente de “Alzheimer contagioso” sería una simplificación incorrecta.

¿Qué tienen que ver los priones con todo esto?

Otra fuente frecuente de confusión son los priones.

Los priones son proteínas anormalmente plegadas capaces de inducir cambios en otras proteínas similares. Algunas enfermedades humanas, como la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, sí pueden transmitirse en circunstancias médicas excepcionales.

Precisamente por eso, la historia de la hormona de crecimiento cadavérica resulta tan importante: aquellos preparados podían estar contaminados con priones y, según investigaciones posteriores, también con semillas de beta-amiloide.

Pero beta-amiloide y priones no deben tratarse como si fueran la misma cosa. Aunque ambos conceptos pueden involucrar proteínas mal plegadas y mecanismos de propagación molecular, las enfermedades y las vías de transmisión son diferentes.

¿Las transfusiones aumentan el riesgo de Alzheimer?

La respuesta tampoco debe reducirse a un simple “sí” o “no” sin explicar el contexto.

El gran estudio de Edgren y colaboradores no encontró que recibir sangre de donantes que posteriormente desarrollaron demencia o Alzheimer aumentara el riesgo de esas enfermedades.

Otros estudios observacionales han producido resultados diferentes cuando comparan personas que recibieron una transfusión con personas que no recibieron ninguna. Una revisión reciente señala que la literatura sobre esta asociación no es completamente uniforme y que las diferencias en el diseño de los estudios dificultan comparar directamente sus resultados.

Transfusión de sangre y estudio sobre el posible riesgo de Alzheimer

Esto es importante: una asociación estadística no demuestra que la transfusión haya causado Alzheimer. Las personas que necesitan transfusiones pueden tener otras enfermedades, cirugías, hospitalizaciones o factores de salud que también influyen en su riesgo posterior de deterioro cognitivo.

¿Qué significa esto para una persona que ha recibido una transfusión?

Para alguien que recibió sangre durante una cirugía, después de un accidente, por anemia o por cualquier otra indicación médica, no hay motivos para pensar que esa transfusión le haya transmitido Alzheimer.

Las transfusiones son procedimientos médicos ampliamente utilizados y sometidos a estrictos controles de seguridad. La investigación científica continúa vigilando posibles riesgos poco frecuentes, precisamente porque la seguridad de la sangre requiere una vigilancia constante.

El debate actual no cambia las indicaciones médicas habituales para recibir una transfusión.

Lo que la ciencia sabe y lo que todavía investiga

La evidencia disponible permite separar varias cuestiones que a menudo aparecen mezcladas:

  • No hay evidencia sólida de que el Alzheimer se transmita mediante transfusiones de sangre.
  • Se ha demostrado que ciertas preparaciones históricas de hormona de crecimiento cadavérica podían contener semillas de beta-amiloide.
  • Se han documentado casos excepcionales de transmisión iatrogénica de patología relacionada con beta-amiloide en ese contexto médico.
  • Esto no significa que el Alzheimer sea una enfermedad contagiosa.
  • La posibilidad de transmisión de semillas proteicas por determinadas vías médicas sigue siendo objeto de investigación.

La diferencia entre estos puntos no es un detalle académico. Es precisamente lo que permite interpretar correctamente una investigación médica sin convertir un hallazgo complejo en una alarma sanitaria.

La respuesta corta: ¿una transfusión puede transmitir el Alzheimer?

Con la evidencia disponible, no hay pruebas de que una transfusión de sangre transmita la enfermedad de Alzheimer.

La preocupación científica surgió de hallazgos reales relacionados con la transmisión excepcional de patología beta-amiloide a través de determinados tratamientos médicos realizados décadas atrás con material biológico de origen cadavérico. Pero ese escenario es muy diferente al de una transfusión sanguínea convencional.

La investigación continúa porque entender cómo se comportan las proteínas mal plegadas puede ayudar no solo a aclarar los mecanismos del Alzheimer, sino también a mejorar la seguridad de determinados procedimientos médicos.

Por ahora, sin embargo, no hay razones científicas para considerar una transfusión de sangre como una vía demostrada de transmisión del Alzheimer.

Preguntas frecuentes

¿Me puedo contagiar de Alzheimer por una transfusión?

No existe evidencia científica sólida de que una transfusión de sangre transmita la enfermedad de Alzheimer. El estudio epidemiológico más grande realizado para investigar esta posibilidad no encontró evidencia de transmisión.

¿La proteína beta-amiloide puede transmitirse?

En circunstancias médicas excepcionales se ha encontrado evidencia de transmisión de patología relacionada con beta-amiloide, especialmente en personas expuestas décadas atrás a hormona de crecimiento humana obtenida de cadáveres. Esto no equivale a demostrar que el Alzheimer pueda transmitirse mediante transfusiones habituales.

¿El Alzheimer es una enfermedad contagiosa?

No. El Alzheimer no se considera una enfermedad contagiosa y no existe evidencia de transmisión mediante el contacto cotidiano, la convivencia o el cuidado de una persona con la enfermedad.

¿Debo preocuparme si alguna vez recibí una transfusión?

No hay evidencia que justifique considerar una transfusión previa como una exposición conocida al Alzheimer. Una transfusión puede ser necesaria para tratar situaciones médicas graves y sus beneficios pueden ser fundamentales.

¿Por qué se habla entonces de “Alzheimer transmisible”?

La expresión surge principalmente de investigaciones sobre semillas de beta-amiloide y casos excepcionales relacionados con tratamientos históricos con hormona de crecimiento cadavérica. Utilizar esa expresión sin explicar el contexto puede dar una imagen equivocada de lo que realmente muestran los estudios.

Fuentes científicas

Edgren G, et al. Transmission of Neurodegenerative Disorders Through Blood Transfusion: A Cohort Study. Annals of Internal Medicine, 2016. DOI.

Jaunmuktane Z, et al. Evidence for human transmission of amyloid-β pathology and cerebral amyloid angiopathy. Nature, 2015. DOI.

Purro SA, et al. Transmission of amyloid-β protein pathology from cadaveric pituitary growth hormone. Nature, 2018. DOI.

Banerjee G, et al. Iatrogenic Alzheimer’s disease in recipients of cadaveric pituitary-derived growth hormone. Nature Medicine, 2024. DOI.

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